viernes, 21 de enero de 2011

Con Con en Enero.

 Si bien el título dice Con Con, esta no es una entrada sobre Con Con, es más bien sobre sus alrededores. Con Con fue el campamento base. Un paseo de dos noches cuyo objetivo para mí era asistir al concierto de verano en el cual tocarían El Pájaro de Fuego del compositor ruso Igor Stravinsky, entre otras cosas (que por cierto salió bastante decente, y terminé muy impresionada al darme cuenta que el 75% del público asistente eran personas que sabían poco y nada de música y asistían a los conciertos como una manera de demostrar cierto nivel cultural o status social), pero ese es tema a parte.

Día 1

El día Sábado partiríamos temprano a Horcón, la caleta de los artesanos, lugar donde había emigrado el mejor amigo de mi padre luego de tener problemas en Los Dominicos.

Impactada quedé al ver la termoeléctrica Ventanas, y muy agradecida luego, que no se concretara el proyecto de Barrancones.



Una vez en Horcón, visitamos una feria artesanal que de artesanos poco y nada tenía, salvo por un chico que se había licenciado en artes y se dedicó a pintar poleras y polerones. En serio, verdaderas obras de arte:


Raimi, mi hermano menor posando con la polera que mi madre le compró al artista.


 Luego de almorzar y pasear por la playa subimos por la calle principal hasta el taller-local de Tico, el amigo de mi padre.
Resulta que Tico trabaja en cuero, principalmente fabrica zapatos, pero también alforjas, pisos, bolsos y varias cosas más.

Aquí una vista a su taller desde afuera (está ubicado justo frente al terminal de buses).




Por dentro parece un museo, lleno de variados objeos como mascarones, que también comercializa.




Sus trabajos en cuero








Mientras mis padres charlaban...




Yo me entretenía tomando fotografías




Luego de la visita nos largamos rápido al concierto en la Quinta Vergara. Sobre eso me referiré a que nunca más asisto a un concierto de música académica allí, la acústica es asquerosa y la gente me enfermó con tanta bulla que metía comiendo cabritas de maiz (sí, adentro vendían cabritas de maiz), como si se tratara de una sala de cine. Osea, imaginen lo asqueroso que era tratar de apreciar una dinámica pp con un crunch permanente de fondo (y mejor no referirse a la política de silenciar o apagar los teléfonos celulares).

Día 2

Nos largabamos a Quintay.
Años atrás, según mis padres, habíamos visitado ese lugar, pero yo no tengo memoria de aquello.
Desde del camino podía apreciarse esta linda panorámica




Una vista al pueblo




 Quintay se caracterizó por su planta ballenera (instalada allí alrededor del 1943) y que luego de acabar con todos los ejemplares del sector, en1967, la planta cerraría para siempre.
Hoy, esa planta ha sido transformada en una especie de museo donde se exhibe material audiovisual, textual y fotográfico.





 Esto parece un ano.


 Texturas





Mis padres




Mi hermano













A veces me obsesiono fotografiando a modo de auto retrato, mi reflejo









La sala audiovisual







Debo destacar que todas las fotografías dentro de la ballenera las tomé monocromas debido a la escases de colores. Todo era blanco o color de hormigón. Se me ocurrió, entonces, que sería más interesante jugar con la escala de grises.

Aquí una fotografía de un campo de "siempre vivas" para compensar la falta de colorido.




Quntay cuenta con una playa muy linda y muy peligrosa a la vez: la playa grande




Y que pese a la bandera roja y diferentes advertencias, la gente asiste para bañarse.




Llegaba el atardecer...




Y junto con ello, la hora de volver.






Álbum completo de fotos en picasa.

lunes, 5 de abril de 2010

Litoral central.

El Viernes 2 mis padres me invitaron a un paseo por la costa central. Como yo no tenía mucho que estudiar salí con ellos. El día estaba soleado, perfecto para tomar buenas fotografías.

La primera parada sería Pomaire. Nos sorprendimos por lo caro que estaba el peaje para entrar ($2100 si mal no recuerdo) y como si fuera poco, también había que pagar un peaje de salida.


Mi papá quería comprar unos maceteros grandes.


La única casa que vi afectada por el terremoto.


Nos fuimos. El peaje de salida costaba $1100 (algo por ahí).
En esta foto se aprecia el desastre que dejó el terremoto (sí, aun estoy sensible al tema).


Almorzamos y caminamos un rato por el puerto.
Esta es mi foto favorita del viaje, la saqué de una secuencia de ráfaga.


Me gusta fotografiar aves en vuelo.


Hora de comer, para ellos también.


Más huellas del terremoto.

Me gustan los puertos, son tan coloridos.


El mall: pésima ubicación, horrible diseño.


La tarde pasaba y fuimos a punta de Tralca, hacía años que no visitaba ese lugar.


Y luego a Cartagena. Cartagena me gusta, me gusta la arquitectura, la playa. Pero creo que este paseo es horrible y estoy segura que no soy la única que piensa lo mismo. Me pregunto ¿por qué no invertirán en arreglar y mejorar ese paseo?



Una romántica puesta de Sol.


Y la noche caía sobre la costa.


De vuelta, gracias a la estupidez de mi padre, morí de frío. El día siguiente lo pasaría en cama.


domingo, 7 de marzo de 2010

Terremoto '10

Eran alrededor de las 3 am. Yo estaba decidida a terminar la entrada anterior si o sí esa noche. También recuerdo que había redescubierto y me había reenamorado de Tenhi y al mismo tiempo hablaba con Alonso.
A los veinte minutos después, mi casa, totalmente construída de madera y forrada en lata (osea, puros materiales livianos) y para rematarla estilo palafito, comenzaba a tambalearse. Para mí era normal, ya que siempre se sentían los temblores, sobre todo en el segundo piso. Cuando me doy cuenta que comienza a intensificarse, me asomo a la escalera, prendo la luz y esperé un breve lapso de tiempo a ver si se calmaba la cosa. No sucedió así, al contrario, toda la madera crujía y me ponía más nerviosa. Rápidamente desperté a mis padres y salí corriendo a pararme en la mitad del patio. Afirmada en la camioneta veía como todo se sacudía violentamente. Esperaba el instante en que mi casa se viniera abajo.
Muerta de miedo, pensaba "Aina, disfruta, pasaran décadas o quizás nunca más volverás a vivir esta experiencia". Así que en un estado muy adrenalínico miraba las explosiones producidas por los choques de cables lo cuales teñían el cielo de tonalidades apocalípticas (sí, creo que exageré con esa descripción), miraba mi casa esperando que se viniera abajo y muy atenta miraba la alta palmera a la cual no le tenía ni una fé de que se mantuviera en pie y en cualquier segundo, pensaba, caería y me mataría.

De pronto, alguien dijo apáguese la luz, y Santiago se quedó a oscuras totalmente.

*Dato: según mi madre saltar mientras tiembla hace que se atenúe la sensación del movimiento de la Tierra.

Así, con mi madre saltando y afirmada de mi papá y de mí, y yo a la vez afirmada de la camioneta
transcurrieron alrededor de tres largos minutos hasta que finalmente se calmó.
Una vez asegurados de que este no seguiría entramos a la casa (la cual seguía en pie) totalmente a oscuras. Mis padres se vistieron y yo cogí la cámara y me percaté de lo estúpida que había sido al no dejar mi dell cerrado (este estaba cubierto por una gruesa capa de polvo y tenía la pantalla rayada producto de los diversos lápices que cayeron sobre él). Lo cerré para las réplicas.

Esta foto hizo polémica. La mayoría dice que mi habitación siempre estuvo así...



Mi papá sintonozó la radio bio-bio en la camioneta donde me informé que el epicentro del terremoto había sido cerca de Concepción y daban a conocer que no había alerta de tsunami por esos lados. Recuerdo que la gente llamaba para dar información. Entre los llamados salió al aire el de una persona que iba en un auto por la costanera informando que se había caído el paso sobre nivel y que había quedado horrorizada al ver autos que no se percataban de aquello y caían al vacío (al día siguiente me enteraría que no habría ni una víctima fatal de aquel accidente).



Luego de habernos enterado de lo que había ocurrido, y habernos calmado, decidimos ver que tal estaban nuestra familia.
Para nuestra suerte, toda la familia vive en la misma cuadra, así que luego de percatarnos que todos estaban bien nos sentamos en el patio de la casa de nuestras tías (quienes viven al lado de la nuestra) a tomar café con ron para calmar el ánimo y pasar las réplicas. Sin luz, escuchaba las noticias de la radio bío bío en mi pendrive (el que justo para ese día tenía batería como nunca) e informaba al resto.



Así transcurrieron horas y nos dieron las 6 de la mañana. Hora prudente para dormir. Creo que esa noche sólo logré dormitar.

A la mañana siguiente ya con energía eléctrica lograría percatarme de la catástrofe que había sucedido.
Impactadísima sabía que algo tenía que hacer. Junté utiles de aseo y me puse a tejer frazadas.

El Viernes en la noche me junté con unos tíos a ver la Teletón. Me sirvieron un vodka tónica, mi trago favorito, no tomé más de la mitad. Estuvimos hasta las 7 am.

Y el Sábado, a una semana del desastre, salí con mi ya oficial compañero de caminatas extensas de fotografía Ariel, a registrar los daños por algunos sectores de Santiago.

Camino al metro por San Nicolás



Gran Avenida







 Este era el sencillito que siempre me salvaba el día antes de que mis cuentas vencieran... era...


Mi queridísimo Teatro Municipal de Santiago. Por fuera daños menores, dos pequeñas grietas.
Por dentro, quién sabe.

  
 Una iglesia. Me queda más que claro que la religión sigue siendo un peligro para la sociedad.



Mi queridísimo MAC (curiosamente el frontis del museo nacional de bellas artes estaba intacto).


Un detalle de la escalera
  

Caminando por Santiago nos encontramos al menos con 3 eventos, tocatas, a beneficio. El que más me llamó la atención fue este, organizado por una agrupación de motoqueros.

  

 Otro ejemplo de que la religión es un peligro para la sociedad.


  

Luego de la extensa caminata, Fuá me acompañó al trabajo de mi papá, ya que de vuelta, debía pasar a donar un par de parkas para la campaña dona tu parka. Volvimos tarde, justo a escuchar el cómputo final de la Teletón (el cual me llenó de orgullo) y enterarme de la caravana que partía desde el parque O'Higgins con destino a Concepción. Salí corriendo a la panamerica con mi cámara.

  

Pasaban los camiones y la gente los aplaudía

  
  






Esta imagen es mi favorita. Lástima que la bandera no flameara en ese instante.



Y de vuelta en mi casa rompí en llanto. Jamás había tenido tal sentimiento de patriotismo, tal sentimiento de querer ayudar, de hacer algo por los demás, y por sobre todo, jamás había sentido tanto orgullo de ser chilena.